lunes, 11 de febrero de 2013

Adoro despertar junto a él. Aunque haya pasado frío y no me respondan los músculos  De repente abro los ojos y al otro lado está él, mirándome con cara de dormido y se le escapa un tímido: Buenos días princesa. Todo el hielo se derrite. Y sin poder evitarlo me enamoro de él. ¿Qué me ha dado?... No hay un solo segundo en el que pueda dejar de pensar en él.

El viernes salimos a tomar algo. Le sentaron mal las copas, y aún así, no perdió ese brillo que tiene en los ojos. Es imperdible.

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